domingo, 16 de septiembre de 2012

Jarrón flotante

Me gusta mucho hacer manualidades con los tarros de cristal que tengo en casa y que se van acumulando. Hace tiempo ya os enseñé cómo hacer un bonito farol decorativo, y llevaba tiempo queriendo hacer este jarrón flotante que vi en el fantástico blog Cupcakes and Cashmere. Por fin, el fin de semana pasado tuve un rato para ir a comprar los materiales que me faltaban. He hecho algunas modificaciones, que llevan un poco más de elaboración, pero sigue siendo muy fácil y rápido.


En la manualidad original utilizan un único tablón de madera, pero yo preferí comprar un listón de madera en Leroy Merlín de 9,5 cm. de ancho aproximadamente y lo corté allí mismo (tienen un banco de trabajo a la salida) en varios trozos de 40 cm. También compré un listón más pequeñito, para sacar un par de tablitas pequeñas que hicieran de sujeción trasera.

Primero, con un papel de lija alisamos los extremos cortados. Después, alineamos las tablas dejando un poco de espacio entre ellas (1 mm. aproximadamente), para que no estén completamente pegadas. Bajamos un poco la del medio y clavamos encima las tablillas pequeñas con 6 clavos cortos.


Luego le damos la vuelta al tablón ya clavado y lo pintamos con pintura blanca y una brocha. Yo quería que se vieran las vetas de la madera, así que sólo le di una mano de pintura.


Cuando se haya secado la pintura, colocamos el tarro o tarros de cristal que queramos utilizar y marcamos con un lápiz dónde irán los agujeros que haremos con el taladro para el alambre de sujeción. En la manualidad original ponen un único tarro centrado. Podéis hacer eso o, como yo, utilizar un tarro pequeño y otro más grande, colocados a distintas alturas.


Colocamos el alambre (yo utilicé uno dorado que compré en la tienda de manualidades Abacus) alrededor de los tarros dando varias vueltas y cuidando que los extremos queden en la parte inferior, para que no se salgan los tarros una vez colgados. Después pasamos los extremos por los agujeros que habíamos taladrado y, en la parte trasera del tablón, los enroscamos de forma que queden bien sujetos.

Para colocar el asa, simplemente tenemos que hacer dos agujeros más donde queramos que vaya y pasar por ahí el alambre, enroscando bien los extremos. Si no queréis poner asa, podéis colocar un par de tornillos detrás como los de colgar cuadros.


Llenáis los tarros de agua, colocáis unas cuantas flores y ya tenéis un bonito jarrón flotante para colocar donde queráis. Yo lo he puesto en el dormitorio y me encanta cómo queda.


Os animo a que hagáis esta manualidad con los tarros que tenéis por casa, porque ya habéis visto que es muy fácil y rápida, y el resultado es chulísimo.

¡Feliz domingo!

domingo, 9 de septiembre de 2012

Tomando el té en la campiña inglesa

Una de las cosas que más me gustan de viajar a Inglaterra es su tradición de tomar el té de las 5, como ya os comenté hace tiempo en un post sobre tomar el té en Londres. Y en nuestro viaje de este verano a la campiña inglesa (o como se dice en inglés, The Cotswolds) no podía faltar el té de la tarde pero, por supuesto, con unas vistas mucho menos urbanas que las que nos ofrece la capital británica.

Afternoon tea

Hay varias opciones a la hora de tomar el té. La más completa es el afternoon tea, una pequeña merienda salada y dulce, que se toma algo más pronto, sobre las 4 de la tarde. En algunos lugares ofrecen la posibilidad de completar el menú con una copa de champán.


Nosotros elegimos la terraza de Cowley Manor (un precioso hotel con 55 acres de bosques y jardines) para tomar un afternoon tea por el encanto del lugar y la belleza de sus paisajes. Cuentan que Lewis Carroll escribió "Alicia en el País de las Maravillas" (de la que, por cierto, os hablé aquí) durante una de sus estancias en la villa de Cowley y que sacó su inspiración de los terrenos de Cowley Manor.

Allí nos sirvieron el clásico menú del afternoon tea. En el primer piso había varios tipos de sandwiches: salmón, pepino, huevo, jamón york y atún; además de una tacita de gazpacho.



En el segundo piso estaban los típicos scones (normales y con pasas), acompañados de clotted cream (tengo que aprender a hacerla) y mermelada de fresas.



Y en el último piso nos sirvieron un surtido de dulces: una pavlova (merengue crujiente por fuera) con confitura de ruibarbo, una especie de lionesas de crema, brownie y un minicupcake de chocolate y crema de queso.



Lo tomamos todo acompañado de té Earl Grey con leche. Y lo que más disfruté fueron los esponjosos scones con una buena capa de clotted cream y mermelada de fresa.



Este afternoon tea nos costó 15 libras por persona, un precio nada caro por disfrutar de una merienda riquísima y unas vistas espectaculares.



Cream tea

Otra modalidad a la hora de tomar el té, y más común que el afternoon tea, es el cream tea. Es una merienda mucho más ligera, que suele tomarse sobre las 5 de la tarde y se compone básicamente de té y scones. La mayoría de tea rooms, restaurantes y cafeterías cuentan con esta opción, que algunos varían ofreciendo un trozo de tarta en lugar de scones.


El cream tea que veis la foto lo tomamos en un restaurante cercano al cottage donde nos alojábamos. Se llama The Fossebridge Inn y tiene una terraza muy grande (con gallinas correteando por ahí) junto a un precioso lago




Los scones eran de arándanos y estaban recién hechos (tardaron unos minutos en hornearlos). Y tanto la clotted cream como la mermelada de fresas eran caseras.

El té de la tarde es, sin duda, la mejor de todas las tradiciones inglesas. Yo, que soy una apasionada del té y los dulces, no imagino una merienda mejor.

¡Feliz domingo!