domingo, 8 de marzo de 2015

DIY: Cake stand con platos y tazas

Hoy os traigo un post "do it yourself" que hemos hecho esta semana y que me tiene enamorada. ¡No paro de mirarlo de lo bonito que es! Se trata de un cake stand estilo "Alicia en el País de las Maravillas" (ya os he comentado alguna vez lo mucho que me gusta ese libro), que hemos hecho el Chico Pecoso y yo a partir de varios platos y una taza.

Es un DIY que llevábamos pensando algún tiempo, desde que descubrí estos cake stands tan bonitos (pero tan caros), que llevan años en mi "wish list". Hemos tardado en animarnos a hacerlo por miedo a romper los platos con el taladro y porque no sabíamos cómo solucionar el tema de la taza (que para mí era imprescindible), pero a continuación os explico todo paso a paso.

Lo primero que hicimos fue elegir los platos que iba a llevar el cake stand y para eso recurrí a la preciosa tienda My Home Style y compré varios platos de la marca Greengate con diferentes estampados y tamaños (25 cm, 20,5 cm y 15 cm) pero con colores similares. También podéis utilizar platos desparejados que tengáis en casa o platos antiguos comprados en el rastro, por ejemplo. Yo compré la taza en Amazon UK porque buscaba un estilo muy concreto, pero en Zara Home también tienen tazas preciosas que os pueden servir. Las varillas para el cake stand son muy baratas, yo compré un pack de tres en Amazon España por 8 euros. El resto de cosas que necesitáis para el DIY las podéis conseguir fácilmente en cualquier ferretería, como la broca para cerámica de 6 mm.

Antes de arriesgarnos a taladrar uno de los bonitos platos de Greengate, hicimos la prueba con uno de Ikea y quedó fenomenal. Para absorber las vibraciones del taladro colocamos un bloque de plastilina debajo del plato, sobre una tabla de madera. También cubrimos la parte superior del plato con washi tape para repartir la tensión y evitar desconchones, y dibujamos el centro con un compás.

A la hora de empezar a taladrar es conveniente hacer la primera muesca con un clavo y un martillo para que la broca no se mueva. 


Además, es necesario quitar el percutor y añadir de vez en cuando agua sobre el plato para evitar que la broca se caliente demasiado. Hay que tener cuidado de no tocar el taladro con las manos mojadas y llevar gafas como protección mientras taladramos, por las esquirlas que puedan saltar.

Se tarda bastante en hacer cada agujero (a nosotros nos costó unos 10 minutos por cada plato), así que tened paciencia. Esa es la única complicación del DIY, el resto es simple montaje.

Si queréis un cake stand únicamente de platos, os servirá con los utensilios que vienen con las varillas: varios discos de goma y un tornillo. Pero si queréis añadir una taza, como nosotros, tenéis que solucionar el problema del grosor de la taza + platito.

Para eso, al Chico Pecoso se le ocurrió una idea tan sencilla como genial: darle la vuelta a las varillas para poder incluir en esa parte una varilla roscada del tamaño necesario (la podéis encontrar en cualquier ferretería y os la cortan al tamaño que queráis), en nuestro caso de 6 mm de grosor y 40 mm de largo. Lo único que hay que cambiar es el tornillo final por una tuerca fina que quedará debajo del plato grande y no se notará si vuestro plato tiene hueco debajo, como suele ser habitual.

Lo bueno de este cake stand es que podéis desmontarlo para guardar y además montarlo del tamaño y pisos que queráis para cada ocasión: con taza, sin taza, con dos pisos grandes, con dos pisos pequeños, con tres pisos, con cuatro...

Y si en vez de tres platos, agujereáis más de distintos colores, podéis ir combinando vuestro cake stand de acuerdo a la decoración que queráis poner.

No le tengáis miedo a este DIY, porque es mucho más fácil de lo que parece. Y os aseguro que vuestros tés y meriendas lucirán aún más bonitos con este cake stand hecho por vosotros. 

Nosotros celebramos un delicioso "no cumpleaños" para estrenarlo.

¡Feliz domingo!


domingo, 1 de marzo de 2015

Trufas de chocolate

En mi familia somos todos muy aficionados al chocolate, especialmente mi padre. Y de todos los dulces que se pueden elaborar con chocolate, yo creo que las trufas son su debilidad. Por eso, cuando vi lo sencillas que eran de preparar, decidí sorprenderle con una cajita de trufas de chocolate caseras, que no tienen nada que envidiar a las de Godiva (bueno, sí, pero poco).

La receta la saqué de esta página donde tienen una aplicación genial en la que eliges los sabores que quieres utilizar para tus trufas y te sale la receta personalizada. Yo quería hacer unas trufas clásicas de chocolate negro, así que en la parte de ingredientes adicionales simplemente escogí la vainilla y la sal (me gusta cómo potencian el sabor del chocolate), pero podéis añadirle licores o lo que os apetezca.

Ingredientes: (para unas 50 trufas)

- 340 gr. de chocolate negro
- 240 ml. de nata para montar
- 1 vaina de vainilla
- 1/4 de cucharadita de sal
- 2 cucharadas de mantequilla sin sal a temperatura ambiente

Para las coberturas:

- 100 gr. de chocolate negro
- Cacao en polvo
- Azúcar glas
- Coco rallado
- Almendra crocanti
- Pistachos picados

Ponemos la nata en un cazo a fuego medio. Abrimos la vaina de vainilla por la mitad, sacamos las semillas y lo echamos todo (semillas y vaina) dentro de la nata. Removemos de vez en cuando hasta llevarlo a ebullición, después retiramos el cazo del fuego, lo cubrimos y lo dejamos infusionar una hora aproximadamente.

Picamos el chocolate muy fino (podemos utilizar un triturador eléctrico si nos resulta más cómodo). Volvemos a poner la nata a fuego medio y cuando esté caliente, lo apagamos e incorporamos el chocolate picado y la sal. Removemos hasta formar una mezcla cremosa y, a continuación, añadimos la mantequilla y mezclamos bien hasta que se haya incorporado del todo.

Colocamos la mezcla en un recipiente tapado con papel film (en contacto con el chocolate) y refrigeramos durante dos o tres horas.

Pasado este tiempo, sacamos la crema de chocolate de la nevera y, con la ayuda de una o dos cucharas, formamos bolitas con la masa y las ponemos en una bandeja cubierta con papel vegetal.

Yo no conseguí que con las cucharas quedaran esféricas, así que fui sacando la mezcla con una cuchara pero formé las trufas con las manos. Es muy sencillo, aunque te embadurnas bastante de chocolate, y hay que hacerlo rápido para que no se deshagan.

Una vez hemos formado todas las trufas, las refrigeramos durante al menos 20 minutos antes de añadir las coberturas.

Luego las sacamos y las cubrimos con los ingredientes que hayamos escogido. Con algunos de ellos no es necesario usar chocolate fundido (como el cacao, el azúcar glas o el coco). Simplemente cogemos la trufa entre nuestras manos para atemperarla un poco y la hacemos rodar por la cobertura elegida.

Para el resto de ingredientes (pistachos, almendra crocanti y fideos de chocolate), sí os aconsejo bañar primero la trufa en chocolate fundido para que la cobertura se adhiera mejor. Ponemos un poco de chocolate fundido en la palma de la mano, hacemos rodar la trufa hasta cubrirla por completo y luego la pasamos al bol con la cobertura que queramos. Una vez cubiertas, dejamos las trufas en una bandeja con papel vegetal hasta que el chocolate se haya endurecido por completo.

Esto lo podéis hacer con todas las trufas, independientemente de la cobertura elegida, si queréis que tengan una fina capa de chocolate crujiente cubriendo su interior más tierno.

Yo dejé tres tipos de trufas blanditas (cacao, azúcar glas y coco) y otras tres crujientes (virutas de chocolate, pistachos y almendra crocanti).

Estas trufas son sencillísimas de preparar, como habéis visto, y están deliciosas. Tienen un intenso sabor a chocolate y una textura fundente y cremosa.

Mis favoritas son las de cacao, clásicas y con un toque amargo. También las de almendra crocanti, dulces y crujientes. Cada cobertura les da un toque distinto a las trufas, pero están todas riquísimas. El coco les aporta suavidad; los pistachos, contraste, al ser más salados; y el azúcar y los fideos de chocolate, más dulzura. Un surtido para todos los gustos.


Podéis meterlas en cajitas para regalar, usando cápsulas de papel pequeñas y un poco de papel de seda. Además, ahora que está cerca el Día del Padre, puede ser un regalo casero perfecto para todos esos padres golosos y amantes del chocolate, como el mío.

O para degustar en casa acompañadas de un café o té entre amigas. Aunque, como salen tantas trufas de una sola vez, podéis hacer las dos cosas.


Yo la próxima vez seguro que me animo a prepararlas con algún licor o sabor distinto. ¡Que las disfrutéis!

¡Feliz domingo!