Como ya os he contado alguna vez, me encanta el chocolate blanco, es mi sabor preferido para los batidos. Y en el caso de los postres, me resulta especialmente delicioso si va acompañado de limón (como os enseñé en estos cake pops hace unos años), porque la acidez de este último suaviza el dulzor del primero. Por eso, hacía tiempo que quería probar esta combinación en forma de mousse y he de decir que el resultado ha sido realmente fabuloso.
La receta está basada en esta otra de Directo al paladar, con alguna pequeña variación.
- 1 limón (ralladura y zumo)
- 4 claras de huevo
- 200 gr. de chocolate blanco
- 100 ml. de nata de montar (y un poco más para decorar)
- 20 gr. de azúcar glas
Lavamos el limón, lo secamos bien y rallamos la cáscara (sin quitar lo blanco o le dará amargor). Ponemos la ralladura en un cazo junto con la nata y lo calentamos a fuego medio hasta que hierva. Después retiramos el cazo del fuego y dejamos infusionar unos diez minutos. Pasado este tiempo, podemos colar la nata para quitar la ralladura de limón o dejarla si no nos importa que aparezcan trocitos en nuestra mousse (yo la dejé).
Troceamos el chocolate blanco, lo añadimos a la nata y volvemos a calentar el cazo a fuego lento mientras removemos. Una vez derretido, lo apartamos del fuego, añadimos el zumo de limón y lo mezclamos bien hasta que quede cremoso.
En otro recipiente, montamos las claras a punto de nieve con el azúcar. Cuando la crema de chocolate se haya enfriado a temperatura ambiente, añadimos un cuarto de las claras y las mezclamos con movimientos envolventes para que no se bajen. A continuación, añadimos el resto de las claras de la misma forma.
Yo quise darles un toque especial sorpresa a estas mousses añadiendo una cucharadita de lemon curd en el fondo de las tazas donde las serví.
Luego rellenamos las tazas hasta arriba de mousse y las refrigeramos durante al menos 4 ó 5 horas (mejor si es toda la noche).
En el momento de servir, las decoramos con un poco de nata montada (con ayuda de una manga pastelera) y media rodaja de limón.
La perfecta combinación del chocolate blanco y el limón lo convierten en un postre fresco y delicioso, con la suave textura que caracteriza a una mousse.
En definitiva, un postre muy rico y delicado, sencillísimo de preparar y que podemos hacer la noche antes de una comida o cena en casa con amigos.
¡Feliz domingo!















