domingo, 25 de enero de 2015

Mis cuidados postparto

El otro día me acordé de que hace tiempo, cuando todavía estaba de baja maternal, había empezado a escribir este post y no lo había terminado. Así que aprovecho que esta semana no he podido hacer ninguna receta para hablaros un poco sobre cuáles han sido mis cuidados postparto tras el nacimiento de Miranda. 

Tengo que deciros que durante el embarazo no fui demasiado rigurosa con el tema de las cremas por pereza, por falta de tiempo (me río ahora de mi falta de tiempo pre-Miranda) y por excusas varias. Muchos días se me olvidaba darme crema en la barriga y tampoco estaba demasiado preocupada por el tema de las estrías, porque al fin y al cabo tenía ya una barriga enorme (¡en preparación al parto me preguntaban si llevaba gemelos!) y no me había salido ni una sola estría a pesar de no ser constante con la aplicación de cremas. Pero en la semana 38, de repente, aparecieron unas cuantas estrías alrededor de mi por entonces inexistente ombligo. No eran muchas ni muy grandes, pero se veían bastante. En ese momento empecé a ser rigurosa con las cremas y, si lo recomendable en el embarazo es aplicarse crema hidratante al menos dos veces al día, yo me daba cuatro veces. Sabía que eso no iba a hacer nada con esas estrías, pero al menos podía intentar que no salieran más.

Y afortunadamente, no aparecieron más. A las dos semanas me puse de parto, la cosa acabó en cesárea (como ya os conté) y la recuperación fue bastante dura, así que hasta la tercera o cuarta semana no empecé a preocuparme por el tema de las estrías, reafirmar la piel y demás. En ese momento, le pregunté a una amiga dermatóloga, que me recomendó algunas marcas y productos, tanto para el tema de la barriga como para la cicatriz de la cesárea, algo que yo ni siquiera me había planteado tratar.

Gracias a sus consejos empecé a utilizar Trofolastin Reafirmante Post-Parto para reafirmar la piel de la barriga y el aceite Bio-Oil para tratar principalmente las estrías que me habían salido a final del embarazo, ambos dos veces al día. Además me compré el aceite "Tonic" de Clarins para después de la ducha, que también trata las estrías y aporta elasticidad a la piel.

Dos meses después del parto (un mes después de empezar con las cremas aproximadamente), cuando mi barriga volvió a su tamaño habitual, la piel ya tenía más firmeza y las estrías se habían reducido. Continué aplicándome estos productos hasta siete meses después del parto más o menos y yo creo que me han ido muy bien. No sé cómo me habría ido sin dármelos, pero con las estrías, que es lo más evidente, sí puedo decir que, aunque no han desaparecido (ya sabéis que las estrías hay que prevenirlas, porque una vez salen es casi imposible que desaparezcan), sí que se han reducido muchísimo y ya prácticamente no se ven.

En principio, la cicatriz de la cesárea me daba un poco igual, porque está unos 2 cm. por debajo de la línea del bikini y no se ve. Pero bueno, pensé: "si se puede reducir, pues mejor". Mi amiga me recomendó las dos marcas de parches que veis arriba y yo las probé las dos. Primero me compré los de Mepiform, que me duraron un mes y medio aproximadamente y luego los de Trofolastin durante cuatro meses más. Y los dos me fueron muy bien, con los primeros enseguida noté una reducción en el volumen de la cicatriz y con los segundos continuó la reducción (además, la adherencia de éstos a la piel me parece que es mejor). Ambos protegen las cicatrices del sol (muy importante para que su aspecto no empeore), por lo que los utilicé también durante las vacaciones de verano. En total los usé unos seis meses, pero lo recomendable es utilizarlos al menos durante todo el primer año de la cicatriz, mientras todavía es de color rosado.

A día de hoy, casi nueve meses después de la cesárea, lo único que me doy de vez en cuando es el aceite Bio-Oil en la zona de las estrías por si, al seguir reduciéndose, milagrosamente acabaran desapareciendo (aunque ya sé que es misión casi imposible). Si os han salido estrías durante el embarazo, como a mí, os lo recomiendo. Y si estáis embarazadas, os recomiendo que no hagáis como yo y que seáis constantes con las cremas hidratantes para que no os lleguen a salir.

ACTUALIZO: Se me había olvidado comentar que todos estos productos que he utilizado son totalmente compatibles con la lactancia.

¡Feliz domingo!


domingo, 18 de enero de 2015

Muffins de grosellas y semillas de amapola

Sorprendentemente para la época del año en la que estamos, el otro día compré unas cuantas frutas del bosque en el mercado (me gusta tomarlas con yogur griego en los desayunos) y resultaron estar riquísimas: las moras, arándanos y frambuesas eran grandes y muy dulces. Y las grosellas, aunque siempre son bastante más ácidas que el resto, estaban igualmente deliciosas. Así que decidí utilizarlas para hacer estos muffins de grosellas y semillas de amapola, y variar un poco de los clásicos con arándanos o frambuesas que suelo preparar. 

Para la elaboración he utilizado mi receta de los muffins de arándanos, añadiendo semillas de amapola y almendra en láminas.

Ingredientes: (para 12 muffins)

- 3 huevos
- 200 gr. de azúcar
- La ralladura de un limón
- 1/2 copa de ron
- 250 gr. de mantequilla
- 250 gr. de harina
- 3 cucharaditas de levadura en polvo
- 125 gr. de grosellas frescas
- 10 gr. de semillas de amapola
- Almendra en láminas y azúcar glas (para decorar)

Batimos los huevos junto con el azúcar y la ralladura de limón hasta obtener una mezcla espumosa. A continuación añadimos el ron y mezclamos bien. Incorporamos la mantequilla blandita y batimos (la mezcla parecerá cortada, pero está bien). Mezclamos bien la levadura con la harina y las incorporamos al resto de ingredientes. Después añadimos las semillas de amapola y batimos hasta que estén bien repartidas. Por último, incorporamos las grosellas y las mezclamos con cuidado usando una espátula para que no se rompan.

Repartimos la masa en 12 cápsulas para muffins y las llenamos casi hasta arriba.

Colocamos unas cuantas almendras en láminas encima de cada muffin y los horneamos a 180º durante unos 20 minutos o hasta que al pinchar con un palillo, salga limpio.

Cuando estén listos, los sacamos de la bandeja para muffins y los dejamos enfriar del todo sobre una rejilla.

Y una vez fríos, podemos servirlos así directamente o espolvorearlos con un poco de azúcar glas.

Yo os recomiendo lo del azúcar para suavizar un poco la acidez de las grosellas, pero depende de vuestros gustos.

Por cierto, como podéis ver, Miranda está hecha un bicho ya y se abalanza sobre cualquier cosa que tenga a su alcance.

Estos muffins son perfectos para desayunar o merendar. A mí me encantan sobre todo recién hechos, cuando todavía están un poco templados.

El sabor dulce del bizcocho y el contrapunto ácido de las grosellas hacen una combinación fantástica.

Son unos muffins tiernos y esponjosos, pero con el toque crujiente de las semillas de amapola y las almendras.

Podéis guardarlos a temperatura ambiente durante varios días dentro de un recipiente cerrado herméticamente (nosotros siempre nos los terminados en dos o tres días, como mucho, y aguantan perfectamente).

Además, estos muffins son tan rápidos de preparar que incluso los podéis hacer la misma mañana para desayunar.

Por supuesto, si no os gustan las grosellas porque son muy ácidas, siempre podéis sustituirlas por arándanos, frambuesas, moras, fresas o lo que os apetezca.

¡Feliz domingo!