El pasado 16 de abril se estrenó Alicia en el país de las maravillas de Tim Burton, una adaptación del famoso libro de Lewis Carroll que tristemente no está a la altura de la obra y ni siquiera de la primera adaptación que hizo Disney de la historia.
Alicia en el país de las maravillas es uno de mis libros favoritos. Leerlo es como caer por la madriguera del conejo, no sabes lo que está pasando, nada tiene sentido, pero a la vez es tan extrañamente hermoso que resulta magnético. Despierta tu creatividad y tu imaginación, deserarías vivir en el País de las Maravillas y a la vez necesitas despertar de esa locura. Ninguna otra obra me ha hecho vivir algo tan alucinante.El surrealismo que caracteriza al cuento y lo aparentemente ilógico de las acciones de sus personajes no están carentes de sentido. Carrol juega con la lógica y las matemáticas, dos de sus temas favoritos, realizando alusiones satíricas a la sociedad victoriana de su época.
Como explica José María Sánchez Delgado en su obra "Matemáticas en el país de las maravillas", Carroll utiliza la destrucción del lenguaje, las asociaciones oníricas, la lógica y los simbolismos para atentar contra la visión convencional del mundo.
El libro se publicó por primera vez en 1865 y comenzó a gestarse a partir de un cuento que Carroll contó a unas niñas (Lorina, Alice y Edith) una tarde de campo. Se dice que fueron ellas mismas, al quedar maravilladas por el cuento, quienes pidieron a Lewis que escribiera la historia. Carroll, además de escritor y matemático, era considerado el mejor fotógrafo retratista de niños del siglo XIX y retrató a la pequeña Alice (a la izquierda) con su cámara. El escritor Vladimir Nabokov, autor de la novela "Lolita", confesó una vez que le habría encantado filmar los picnics de Lewis Carroll. Ya nos imaginamos por qué.
En la versión animada de Alicia en el país de las maravillas me encantan las galletas que dicen "Eat me". Estas galletas de Carlota's también dicen "Cómeme" aunque no lo lleven escrito...


