sábado, 8 de mayo de 2010

Alicia en el país de las maravillas

El pasado 16 de abril se estrenó Alicia en el país de las maravillas de Tim Burton, una adaptación del famoso libro de Lewis Carroll que tristemente no está a la altura de la obra y ni siquiera de la primera adaptación que hizo Disney de la historia.

Alicia en el país de las maravillas es uno de mis libros favoritos. Leerlo es como caer por la madriguera del conejo, no sabes lo que está pasando, nada tiene sentido, pero a la vez es tan extrañamente hermoso que resulta magnético. Despierta tu creatividad y tu imaginación, deserarías vivir en el País de las Maravillas y a la vez necesitas despertar de esa locura. Ninguna otra obra me ha hecho vivir algo tan alucinante.

El surrealismo que caracteriza al cuento y lo aparentemente ilógico de las acciones de sus personajes no están carentes de sentido. Carrol juega con la lógica y las matemáticas, dos de sus temas favoritos, realizando alusiones satíricas a la sociedad victoriana de su época. 

Como explica José María Sánchez Delgado en su obra "Matemáticas en el país de las maravillas", Carroll utiliza la destrucción del lenguaje, las asociaciones oníricas, la lógica y los simbolismos para atentar contra la visión convencional del mundo.

El libro se publicó por primera vez en 1865 y comenzó a gestarse a partir de un cuento que Carroll contó a unas niñas (Lorina, Alice y Edith) una tarde de campo. Se dice que fueron ellas mismas, al quedar maravilladas por el cuento, quienes pidieron a Lewis que escribiera la historia. 

Carroll, además de escritor y matemático, era considerado el mejor fotógrafo retratista de niños del siglo XIX y retrató a la pequeña Alice (a la izquierda) con su cámara. El escritor Vladimir Nabokov, autor de la novela "Lolita", confesó una vez que le habría encantado filmar los picnics de Lewis Carroll. Ya nos imaginamos por qué.

En la versión animada de Alicia en el país de las maravillas me encantan las galletas que dicen "Eat me". Estas galletas de Carlota's también dicen "Cómeme" aunque no lo lleven escrito...
 

domingo, 2 de mayo de 2010

Scones ingleses

Los scones son un dulce típico inglés que se suele tomar a la hora del té. Se pueden acompañar de mantequilla, mermelada e incluso nata. Son muy fáciles y rápidos de hacer. Yo aprendí esta receta en uno de los cursos Food & Fun. Es la del Hotel Savoy de Londres y no pensé que me fueran a quedar tan bien a la primera. Os recomiendo que lo intentéis.



Ingredientes:
  • 500 gr. de harina de fuerza (podéis encontrarla en Mercadona).
  • 125 gr. de azúcar.
  • 30 gr. de levadura en polvo.
  • 125 gr. de mantequilla.
  • 240 ml. de leche.
Mezclamos todos los ingredientes menos la leche, que se va echando después poco a poco. Se amasa todo bien, se alisa con el rodillo y se deja una masa gordita. 
 
Después cortamos los scones con un molde redondo y les damos la vuelta al colocarlos en la bandeja del horno, sobre un papel vegetal.

Se pintan con yema de huevo y se hornean a 150º con ventilador (para que suban mejor) hasta que estén dorados y cocidos por dentro, unos 20 minutos. Ya veis en la foto que aumentan más del doble de su tamaño.


Una vez fuera del horno, espolvoreamos los scones con un poco de azúcar glas y los servimos mientras todavía están calientes. También se pueden hacer rellenos de pasas o arándanos.

Un dulce sencillo, delicioso e imprescindible para la hora del té. A mí me encanta comer los scones partidos por la mitad con un poco de nata y mermelada de fresa... ¡Que los disfrutéis!